Tablero de salud y movilidad en méxico

Información sobre principales riesgos, problemas de salud y acceso a servicios de las personas migrantes en México.

Sobre el tablero

La información estadística sobre la salud de las personas en situación de movilidad en México aún es limitada. Por ello, el OSyMM reúne y sintetiza datos publicados por distintos equipos de investigación para ofrecer una visión general de la evidencia disponible.

La información se organiza en distintos temas de salud y movilidad, que se muestran a la izquierda de las gráficas. En cada sección se presentan los resultados disponibles y un breve texto que destaca hallazgos, aspectos relevantes o elementos que ayudan a interpretar la información.

Los resultados deben interpretarse con cautela. Los estudios incluidos analizan distintas poblaciones y fueron realizados en diferentes lugares, periodos y bajo diferentes metodologías. Por ello, no representan necesariamente a todas las personas en situación de movilidad en México. En conjunto, sin embargo, permiten aproximarnos a las condiciones de salud y de acceso a servicios que han sido documentadas en estas poblaciones.

El OSyMM actualiza periódicamente este tablero conforme se incorpora nueva evidencia.

¿Cómo explorar las gráficas?

Cada punto representa un resultado reportado por un estudio. El color identifica el tipo de movilidad de la población estudiada; la forma indica si el resultado corresponde al total de la población, a mujeres o a hombres; y el tamaño refleja el número de personas incluidas en la muestra (n). Cuanto mayor es el punto, mayor es el tamaño de la muestra.

Las gráficas son interactivas. Al colocar el cursor sobre un punto se muestra información adicional sobre el resultado, como el estudio del que proviene, el lugar y periodo de levantamiento, la población analizada y el tamaño de la muestra. También se destacan los demás resultados provenientes del mismo estudio, facilitando su identificación dentro de la gráfica.

Desde esta información es posible consultar la publicación o fuente original mediante la opción “Ver artículo ↗”. Además, en la esquina inferior izquierda de cada gráfica se encuentra la opción para visualizarla en mayor tamaño.

La inseguridad alimentaria (IA) ocurre cuando las personas no tienen acceso regular a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades.

Los estudios con personas migrantes en tránsito muestran una presencia particularmente alta de IA. En cuatro investigaciones realizadas en distintos lugares y periodos, entre 88% y 100% de las personas estudiadas presentó algún grado de IA. Al considerar su severidad, también se observan prevalencias elevadas de inseguridad alimentaria grave. En contraste, los estudios con personas mexicanas migrantes de retorno reportan prevalencias menores y una mayor presencia de IA leve.

Estas diferencias deben interpretarse considerando que los estudios analizaron poblaciones distintas y no constituyen una comparación directa entre ambos grupos.

La migración puede influir de distintas maneras en la salud. Para algunas personas es una oportunidad para acceder a servicios, diagnósticos o tratamientos; sin embargo, determinadas condiciones durante el proceso migratorio pueden aumentar la exposición a riesgos para la salud.

Entre los problemas documentados, destacan las enfermedades respiratorias agudas, con prevalencias cercanas o superiores al 20% en varios de los estudios incluidos. Es importante considerar que estos padecimientos generalmente son leves, y pueden ser atendidos con un costo bajo para el sistema de salud.

Sin embargo, cuando las condiciones de vivienda, higiénicas o de alimentación no son adecuadas, estas infecciones pueden complicarse. Parte de estos estudios abarca el periodo de la pandemia por COVID-19, por lo que este contexto debe considerarse al interpretar los resultados.

Los accidentes y lesiones también presentan prevalencias altas en algunos estudios, aunque con una amplia variación entre las poblaciones analizadas. 

La diabetes tipo 2 y la hipertensión presentan prevalencias menores en los estudios incluidos. Sin embargo, su atención puede requerir seguimiento continuo, disponibilidad de medicamentos y vinculación con los servicios de salud.

Resalta que el segundo lugar en el reporte de problemas de salud en el estudio EPICO (migrantes en tránsito) lo ocuparon los problemas de salud mental. La importancia de atender este aspecto en los contextos de movilidad ha sido señalada por múltiples organizaciones, entre ellas la Organización Internacional para las Migraciones.

Entre los problemas de salud documentados en personas mexicanas de retorno destacan las enfermedades crónicas, particularmente hipertensión, diabetes e hipercolesterolemia. En uno de los estudios, realizado con población mexicana de mayor edad, la hipertensión y la diabetes alcanzaron prevalencias de 55.5% y 26.7%, respectivamente. Este perfil contrasta con el observado en los estudios sobre personas migrantes en tránsito, donde las enfermedades crónicas presentan prevalencias menores. La diferencia puede estar relacionada, entre otros factores, con las características y edades de las poblaciones estudiadas.

Los problemas de salud mental también tienen una presencia relevante. Los estudios incluidos reportan depresión, ansiedad y síntomas de estrés postraumático, aunque con prevalencias variables entre las poblaciones analizadas. La forma en que ocurre el retorno también puede ser relevante para el bienestar psicosocial.

Los estudios muestran diferencias importantes en la realización de pruebas de VIH entre las poblaciones analizadas, desde 56.1% en un estudio, hasta 8–12% en otro. Estas diferencias podrían estar relacionadas con las características de las poblaciones, los periodos estudiados y el acceso a servicios de detección durante la movilidad.

En un estudio realizado en Tapachula se encontró una seroprevalencia de 29.9% para Virus Herpes Simple-2 y de 4.5% para sífilis. Estos resultados corresponden a la población estudiada y no deben generalizarse a todas las personas migrantes, pero muestran la necesidad de mantener el acceso a prevención, detección y atención de las infecciones de transmisión sexual.

Finalmente, los estudios disponibles muestran oportunidades para fortalecer el uso del condón: 43.3% de las personas migrantes en tránsito reportó haberlo utilizado en su última relación sexual, mientras que entre migrantes laborales y personas deportadas se reportó uso no consistente en 39% de los hombres y 84.6% de las mujeres. Estos resultados invitan a explorar las barreras para el uso del condón y a considerar estrategias que combinen información y educación sexual con el acceso efectivo a métodos de prevención.

Los estudios muestran un bajo uso de métodos anticonceptivos entre personas migrantes en tránsito, con prevalencias cercanas al 4–5%. En contraste, un estudio con mujeres migrantes asentadas en México reportó un uso considerablemente mayor (59.1%). Aunque se trata de poblaciones distintas, el contraste plantea preguntas sobre cómo las condiciones de movilidad pueden relacionarse con el acceso y uso de métodos anticonceptivos.

Las necesidades de salud menstrual también son relevantes. En un estudio realizado con mujeres migrantes en Ciudad Juárez, más de la mitad reportó cólicos menstruales severos o irregularidades menstruales. Además, alrededor de una tercera parte o más señaló dificultades para mantener la higiene genital, acceder a productos menstruales limpios o cambiarlos cuando era necesario. La salud menstrual y el acceso a insumos básicos de higiene constituyen, por tanto, otra dimensión de las necesidades de salud durante la movilidad.

La violencia sexual representa un riesgo importante durante el tránsito por México. Los estudios disponibles reportan que entre 5.4% y 19.4% de las mujeres migrantes estudiadas experimentaron algún tipo de violencia sexual. 

Aunque en estos estudios las mujeres presentan prevalencias más altas, la violencia sexual no se limita a ellas. Uno de los estudios que incluyó información por sexo reportó violencia sexual en 11.2% de las mujeres y 5.4% de los hombres. Comprender las circunstancias y factores asociados a estas experiencias puede contribuir a orientar acciones de prevención y a garantizar servicios accesibles de atención y acompañamiento.

Los problemas de salud mental que afectan a las personas en situación de movilidad pueden ir desde manifestaciones de malestar emocional hasta condiciones que requieren atención especializada. A pesar de la limitada información representativa, los estudios muestran prevalencias muy variables de depresión y ansiedad, lo que refleja la diversidad de poblaciones y circunstancias en las que ocurre la movilidad.

Las condiciones que acompañan el proceso migratorio parecen ser relevantes para el bienestar emocional. Algunos estudios han documentado prevalencias elevadas de depresión y ansiedad en contextos de tránsito interrumpido, violencia e incertidumbre. Por ejemplo, un estudio realizado durante 2020–2021 en albergues de Tijuana reportó síntomas de depresión en 37.4% de los hombres y 52.3% de las mujeres. Otro estudio realizado en cinco ciudades encontró prevalencias menores. Estas diferencias deben interpretarse considerando las características de las poblaciones estudiadas y el contexto en el que se realizaron las investigaciones, incluido el periodo de la pandemia por COVID-19.

Los estudios muestran diferencias importantes en los lugares donde reciben atención las personas migrantes según su situación de movilidad. Entre las personas no mexicanas asentadas en México, la atención se distribuye principalmente entre servicios públicos y privados. En contraste, entre las personas en tránsito destaca la atención en “otros lugares”, categoría que incluye a los servicios humanitarios.

Este patrón plantea la necesidad de comprender mejor qué espacios están cubriendo las necesidades de atención durante el tránsito y qué papel desempeñan frente a los servicios públicos y privados.

También resulta relevante la proporción de personas en tránsito que reporta no recibir atención. En los estudios que incluyen este indicador, las prevalencias alcanzan 14.7% y 41.1%. Esto plantea la necesidad de conocer mejor las barreras que dificultan la búsqueda y el acceso efectivo a servicios de salud durante la movilidad.